Este año le dedicaremos varias entregas a la guerra contra el narco emprendida por Felipe Calderón, a la vez que publicaremos algunas entrevistas con expertos en la materia y periodistas que han cubierto de primera mano el conflicto, como Diego Enrique Osorno. En esta primera entrega abordamos el mito del aumento en el consumo.


Basta de autoengaños. México vive una guerra total, de suma cero, donde, a diferencia de lo que sucede eventualmente con otros conflictos, no hay diálogo ni tratado de paz posible. La diplomacia, aquí, no opera. Sólo existen dos bandos, radicalmente opuestos, destinados a combatir hasta que uno aniquile al otro. Al demonio con la posmodernidad y sus relativizaciones: el combate es por la sobrevivencia misma de todo los que nos da sentido; la pelea es por ti, por tu familia, por tus hijos. El enemigo es el mal, la criminalidad más violenta y brutal, pura y resoluta, a punto de tornarse, si no damos la batalla, en un estadio sin punto de retorno. No hay tiempo para divisiones ni discrepancias: es hora de actuar y vencer por cualquier medio necesario. El país, la sociedad misma, se encuentra en riesgo inmediato de hundirse irremediablemente en la corrupción, el caos y la violencia. Si fracasamos, generaciones enteras quedarán atrapadas en la adicción, perdidas, degradadas, mancilladas. No hay otra prioridad. Es todo o nada. Dime, aquí y ahora, ¿contamos con tu apoyo?

¿Suena familiar? Ornamentos más, ornamentos menos, ése es el discurso con el que, a lo largo de ya más de tres años, Felipe Calderón Hinojosa ha reclutado el apoyo de la sociedad mexicana para librar una cruenta e inusitada cruzada contra el narcotráfico. No ha sido fácil. Basta recordar que como consecuencia de su cerrado triunfo electoral, más allá de filias y posturas, Felipe Calderón arribó a la presidencia de México con la percepción de que cargaba con un intenso déficit de legitimidad (sospechas de fraude aparte, justificadas o no, lo cierto es que la mayoría del electorado no voto por él). El reto de emprender acciones y proyectos de gobierno que ganaran el apoyo mayoritario de la sociedad, a la vez que neutralizaran el rencor de sus detractores, era mayúsculo. Se podría especular, no sin ingenuidad, que un personaje de miras mayores se hubiera inclinado por dinámicas más significativas y genuinamente transformadoras que las del combate al crimen organizado, como reformas estructurales a la energía o al fisco o, como se lo sugirieron varios analistas en su momento, al acotamiento de los poderes fácticos que han obstruido la competitividad del país (¿es creíble una reforma educativa que no pase por el desmantelamiento del SNTE?, ¿la competencia desleal de Telmex promueve la competitividad en las telecomunicaciones?, ¿por qué no hay una tercera cadena nacional de televisión abierta?). Pero no, Calderón optó por una ruta de legitimación más histriónica y volátil: la batalla contra el narcotráfico.

La estrategia de imagen ha sido más efectiva de lo esperado: pese a la desesperante mediocridad y falta de inventiva con la que su equipo manejó la crisis financiera, Calderón aún registra tasas de aprobación superiores al 60 por ciento. A escala internacional, la admiración es aún más notoria: ¡cómo olvidar la entrevista donde Barack Obama comparaba a Felipillo con el mismísimo Eliot Ness! Hasta ahora, vista desde un ángulo de estricta propaganda política, la lucha contra el narco ha sido un éxito. Eso es indiscutible. Visto desde el ángulo de la efectividad y el bienestar nacional, sin embargo, la campaña antinarco es un desastre que amenaza con explotarle en la cara al presidente y sumir a la sociedad en una espiral de violencia que la coloque al borde de la ingobernabilidad. Es tiempo de clarificar: la guerra de Calderón, peligrosa e irresponsable, está destinada al fracaso por sus falsedades y pecados de origen, como su mito más evidente: el aumento en el consumo.

Foto tomada del periódico La Jornada

¿Nación junkie?

La justificación moral del combate a las drogas en México se centra en la asunción de que el consumo de estupefacientes se ha disparado a niveles tan alarmantes que se corre el riesgo de que nos convirtamos en un país de adictos. Esta variable es relativamente novedosa: hasta hace algunos años, la percepción general de la sociedad consistía en que el país era una ruta de paso para que la droga llegara a Estados Unidos, y no un destino significativo para el consumo. Todo eso cambió con Calderón, cuya preocupación retórica ante el peligro de que las nuevas generaciones queden atrapadas por las fauces de las drogas raya con frecuencia en el sermón.

No obstante, como bien anotan Jorge Castañeda y Rubén Aguilar en su libro El narco: la guerra fallida (Santillana,2009 ), el consumo de drogas en México no ha aumentado de manera importante en los últimos 10 años. De acuerdo con un análisis comparativo de la Encuesta Nacional de Adicciones, elaborada por la Secretaría de Salud a través del Consejo Nacional contra las Adicciones, el porcentaje de la población urbana, de entre 12 y 65 años, que reconoce haber probado alguna vez cualquier droga ilícita casi no registra movimiento: 5.3 por ciento en 1998, 4.2 por ciento en 2002 y 5.5 por ciento en 2008. Las cosas no cambian mucho en términos relativos, entre los que admiten haber consumido drogas una vez en su vida y los usuarios consuetudinarios. La encuesta del 2002 revela 307,000 personas adictas; la del 2008, seis años después, 465,000. Es decir, un incremento de menos de seis por ciento al año, lo que en un país de 110 millones de habitantes representa apenas 0.4 por ciento de la población.

Cuando el gobierno de Calderón reveló los resultados de la Encuesta Nacional de Adicciones del 2008, los presentó de tal manera en que se proyectaba la idea de que el consumo se había desbordado. Castañeda y Aguilar explican la trampa: “La prensa no entendió el significado de la Encuesta Nacional de Adicciones y reaccionó de forma intempestiva. De manera sensacionalista y falsa, detectó un alza exorbitante del consumo, cuando la encuesta proporcionaba una información contraria. Por ello el gobierno la bajó del portal y prometió divulgar posteriormente los datos definitivos. Más de un año después, seguimos esperándolos.”

¿Es la adicción a las drogas un problema de salud que no puede ser minimizado y requiere de acciones de Estado concretas y asertivas? Sin duda. ¿México corre el riesgo inmediato de tornarse en una nación de junkies? Desde luego que no. Esa mentira de origen, sin embargo, es la base de una guerra cuyo saldo ya rebasa las 15,000 muertes en lo que va del sexenio. ¡Valiente triunfo para Eliot Ness y sus intocables! (F)

+Este texto aparece publicado en el número de febrero de la revista Deep bajo el nombre La falsa guerra contra el narco (1ª parte)

++En días recientes, antes de terminar este artículo, Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública, difundió en una comparecencia ante el Congreso cifras sobre el consumo de drogas significativamente más altas que las oficiales de la Encuesta Nacional de Adicciones. García Luna no reveló las fuentes de sus números, según los cuales existen 4.7 millones de adictos a diversas drogas, y no 465,000, como lo señala la Secretaría de Salud.

Le pregunté a Jorge Castañeda su opinión. He aquí su respuesta: “García Luna no dio fuentes. Si lo que reportó la prensa es cierto -4.7 millones adictos-, estaríamos mucho peor que Estados Unidos, diez veces peor que hace un año y medio (si comparamos las cifras con las del Consejo Nacional de Adicciones), y al borde de una hecatombe nacional de pachequez.”

David Bowie, jefe de jefes y padre de todos nosotros, cumple 63 años hoy, ocho de enero. Va un humilde mixtape de homenaje. ¡Faltaba más!

01 Rebel Rebel

02 Starman

03 Baby universal

04 Slow Burn

05 Dirty Boulevard (en vivo con Lou Reed)

06 Absolute Beginners (en vivo)

07 Sex and the Church

08 The Motel

09 Under Pressure (en vivo con Gail A. Dorsey)

10 Bring Me the Disco King (con Maynard James)

11 Heroes (en vivo)

Bonus track : Wild Is The Wind (en vivo)

Descargar, “aquí”

En palabras de Vinton Cerf, “el padre de Internet”, la sobrevivencia del periodismo serio es vital para evitar consecuencias catastróficas para nuestra realidad.


Me encanta la revista dominical de The New York Times. Es, en mi opinión, una de las pocas trincheras que le quedan al verdadero periodismo de investigación. No importa el tema que se aborde -el perfil de una estrella de moda, la realidad de la explotación infantil, la nueva cocina estadounidense, etcétera-, el lector siempre contará con la garantía de encontrar un texto interesante y trabajado.

Los reportajes de The New York Times Magazine no se hacen en una semana; son piezas cuya cuidada manufactura puede extenderse por varios meses, o incluso años, como ha sido el caso de varios trabajos que a la postre se han convertido en bases para libros y películas. La exigencia es mayúscula: no sólo para el escritor, sino también para el editor, quien funge como el operador de una torre de control obligada a estar en constante comunicación con sus aviones de combate. El lector no está excluido de los altos estándares de la revista; por el contrario, es un cómplice consciente de que el disfrute de un reportaje de 8 a 16 páginas requiere de dedicación.

Hace algunos años, conseguir la voluminosa edición dominical de The New York Times implicaba pagar una onerosa suscripción o, ya en plano más pobretón, buscarla en los puestos de revistas del aeropuerto (el único lugar donde llegaba el mismo domingo en la mañana). Hoy, en cambio, basta con ir al sitio Nytimes.com, donde no sólo se puede consultar con libertad, sino que hasta se puede imprimir en un cómodo formato de renglón seguido para facilitar la lectura. La experiencia sensorial no equivale a la de sostener físicamente la revista -el goce producido por el diseño y la tinta desaparece-, pero consultarla así es infinitamente más cómodo y práctico.

He ahí el dilema: gracias a Internet, el periodismo serio es ahora más accesible que nunca; empero, si revistas como la de The New York Times no fueran impresas y sólo fueran difundidas en versión online, simplemente no existirían. O, por lo menos, no como las conocemos: serían una home que albergara un índice con alrededor de 20 notas cortas de no más de 600 palabras cada una, todas elaboradas por un staff de cinco redactores. ¿Por qué? Pese a todas las vicisitudes que enfrenta hoy el mundo editorial, lo cierto es que la venta de publicidad continúa siendo su principal fuente de ingresos; si bien Internet genera tráfico y lectores, casi ningún medio informativo/noticioso ha logrado crear un modelo de negocio que sea redituable en términos comerciales, o cuyos ingresos se comparen a la venta tradicional de planas y espacios en los formatos impresos. (No es casual que los sitios noticiosos más exitosos sean agregadores de información al estilo de The Huffington Post, cuya función es servir como canalizadores hacia otros medios de mayor referencialidad.)

El periodismo serio requiere de dinero y recursos que, por lo menos hasta ahora, se encuentran ausentes en el mundo online. Existe otro motivo que se relaciona con la misma naturaleza de los medios: un texto diseñado específicamente para Internet no puede gozar de la profundidad y extensión de su contraparte impresa. Esto no significa que una nota para Internet sea forzosamente poco seria –de hecho, si va vestida de “hiperlinks”, puede ser un portal hacia mucho más información de la que se puede ofrecer en un periódico-; no obstante, el hecho de leer directamente de una pantalla tradicional supone una decodificación menos demandante. El cibernauta está acostumbrado a la simplificación y el multitasking, y no a la paciencia y la concentración. Es por ello que cada vez que leo The New York Times Magazine no puedo evitar sentirme un poco triste, pues sé que tarde o temprano será rediseñada para adaptarse a las demandas de un mercado que no comprende la belleza de su formato.

La tendencia parece ser irreversible. Ante un escenario conformado por el alto costo del papel y el constante declive en la compra de periódicos y revistas, es muy probable que en los próximos 10 años atestigüemos la virtual muerte del formato impreso. No dudo que sobrevivan algunas publicaciones, pero la mayoría entrará en bancarrota o será forzada a tornarse en una página Web más, donde quizá logre desarrollar un modelo que le permita financiar sus costos.

La postura de Cerf

¿Un periodismo pensado específicamente para Internet equivale a la muerte de una manera de de entender la realidad? ¿Cómo impactará la muerte del formato impreso a nuestra cultura? ¿Qué tan positivo o negativo será el proceso? Durante su más reciente visita a México, tuve la oportunidad de formularle estas preguntas a Vinton Cerf, VP de Google y uno de los responsables de haber desarrollado el protocolo que hoy es la base en la que se sustenta el mundo online, razón por la que se le conoce como “el padre de Internet”. Lejos de mostrarse apocalíptico, Cerf reflexionó con optimismo frente a los efectos colaterales de su creación:

“Quizá te sorprenda saber que tus preocupaciones son compartidas por muchas de las grandes inteligencias de nuestro planeta. Hace unos meses, por ejemplo, Henry Kissinger me expresó en una comida su consternación ante el escenario de que en un mundo puramente online el análisis y el proceso de pensamiento son diferentes, y con frecuencia, mucho más superfluos que en el mundo impreso. Sin el universo impreso como referencia, ¿cómo inyectarle profundidad al online? Estoy consciente de que la oferta informativa no puede componerse solamente de blogs de opinión o amateurs. La información cuesta dinero y debe ser manejada por personas profesionales y preparadas. No creo que el fin de la economía basada en papel signifique el fin de la profundidad. En Google, y quizá esto pueda sonarle contradictorio a algunos, nos interesa muchísimo que los impresos logren una transición exitosa a Internet. La desaparición de las fuentes con credibilidad equivaldría, de cierta forma metafórica, a eliminar la realidad. ¡No queremos que eso suceda!”

Cerf visualiza la transición de los medios impresos en dos pistas. La primera se basa en encontrar un plan de negocio exitoso que permita colocar publicidad en la Web de una manera más efectiva y convincente que los meros banners, dinámicas en las que Google y su equipo de estrategas jugarán un rol fundamental en los años por venir. Y dos, desarrollar un hardware que permita replicar, así sea en meros términos visuales, la experiencia sensorial y comodidad de leer un libro o una revista, lo que implicaría el respeto a formatos más extendidos y profundos.

En otras palabras, la clave radica en la construcción de una especie de “Super” Kindle; en una versión ultra mejorada del lector de textos electrónicos de Amazon que, por cierto, ya se puede comprar en nuestro país por 279 dólares. Yo ya ordené el mío. Les conmino a hacer lo mismo: no vaya a ser que nuestra indolencia acelere el colapso de la realidad. (F)

*Este artículo aparece en la edición diciembre/enero de la revista Deep.

**La entrevista completa con Vinton Cerf, “aquí”

Mis favoritas del 2009. Sólo enlisto lo que se estrenó comercialmente.

1. Revolutionary road. Expectativas incumplidas, rencores acumulados, engaños compartidos, desolación. La obra maestra de Sam Mendes es algo más que la película más compleja que ha dado el género de “la desesperación callada” de la suburbia gringa: es, sin exagerar, el punto de partida ideal para reflexionar sobre el estado de la pareja clasemediera en esta primera década del milenio. El hecho que esté situada en los 50 sólo la hace más reveladora. Ejecutada a la perfección por un inquietante Michael Shannon, una segura Kate Winslet y un sorprendente Leonardo DiCaprio, quien por mucho da su actuación más sólida hasta la fecha. Dolorosísima.

2. Gran Torino. Mi comentario, “aquí”

3. Los que se quedan. Como ya lo había demostrado en sus obras anteriores, Juan Carlos Rulfo posee la habilidad de revelar la luminosidad que existe detrás de personas tan comunes y corrientes como tú y como yo. Es una enorme cualidad. Como bien señala Ernesto Diezmartínez, crítico de cine, no hay un director en el cine nacional con una mirada más generosa que Rulfo. Una felicitación a Fundación BBVA por hacer posible el proyecto. Ojalá sea el inicio de un nuevo modelo en la industria mexicana.

4. Vals con Bashir. El alucinógeno reencuentro de Ari Folman con su memoria es tan pertinente como desgarrador. La animación transformada en realidad, literalmente.

5. Déjame entrar. Mi comentario, “aquí”.

6. Two lovers (Amantes / Los amantes). Mi comentario, “aquí”.

7. Mr. Lonely. Mi comentario, “aquí”.

8. Arrástrame al infierno. Un vigorizante regreso de Sam Raimi a sus orígenes desmadrosos. La secuencia de la cabra y el demonio bailando fue el GRAN RATO del año.

9. Sinécdoque, NY. Fallida, sí, pero repleta de ideas alucinantes (el Simulacrum, las gotas sustitutas de lágrimas, y un muy largo etcétera). Defectos aparte, Kaufman logra transmitir con delirante inventiva la idea esencial: nada más triste que un hombre que se convierte en el fantasma de sus propias ruinas.

10. Up. El último tercio es business as usual y un tanto desesperante (reto para Pixar: realizar una película que no concluya con una “espectacular” pelea como momento climático), pero los primeros minutos son magistrales en su sencillez: el relato de principio a fin de una genuina historia de amor. ¿A poco no lloraste?

11. Inglorius basterds. La primera secuencia (Brian De Palma meets Sergio Leone) y la lógica del cine dentro del cine de la parte final confirman que, pese a sus fallas, Tarantino es un cineasta mayor que aún sigue en el juego. Shoshana Dreyfus, ¡te amo!

12. Parque vía. Ejercicio minimal negro extremadamente bien desarrollado. El cierre en la cárcel es una joya de humor negro, una carcajada infernal, el final feliz más tétrico del cine mexicano reciente.

13. The hang-over. Los inspirados créditos finales que dan testimonio -o por lo menos alguna idea- de lo que en verdad sucedió en la peda descubren que, tras una fachada de película gringa pendeja, siempre operó un relato emotivo y de estructura complejísima (el Memento de la comedia, pues). Mike Tyson es oro puro. “I can feel it coming in the air toniiiiiight …” Todd Philips es un director muy subvalorado.

14. Happy-go lucky. El instructor de manejo es la película: uno de los personajes más logrados e inolvidables de Mike Leigh.

15. 500 días con ella. La aguda secuencia de pantalla dividida “expectativa/realidad” me hizo olvidar lo molesto y asfixiante de su diarrea referencial “indie”. La date movie del 2009.

TV

Mad men, Breaking bad, Two and a half men.

Decepciones

Avatar. Una de las películas más nacas de la historia. La decepción de Avatar no se centra en la estúpida feria de clichés que pasa como guión (eso ya estaba descontado), sino en su extrañísima carencia de momentos wow! ¡Beowolf es más espectacular!

Enemigos públicos. Vacía y reiterativa. Michael Mann es un maestro, pero le urge una renovación que pase por otros aspectos que no sean el mero impresionismo visual.

Los abrazos rotos. Sería aburrida aún si le quitaran los 40 minutos que le sobran. Con todo, Almodóvar sigue ahí, en transición. La próxima, espero, nos sorprenderá a todos.

Hace 2 años, Francis Ford Coppola visitó fugazmente el DF para dar una conferencia sobre creatividad y talento emprendedor. Charlé un rato con él. Le pregunté, entre otras cosas, cuál era la última buena película que había visto. “We own the night, de James Gray, un gran director”, contestó en corto. Cero sorpresas: la fotografía de todas las películas de James Gray recuerdan a Gordon Willis, el fotógrafo de los Padrinos. Coppola, créanme, no es ajeno a los placeres de la masturbación, así sea interpósita persona

Los Amantes, la más reciente cinta de Gray, marca una aparente ruptura con su cine anterior, poblado de culpas de criminales y policías. No es un detour drástico: de hecho, Two lovers prolonga sus obsesiones de autor: el dilema entre las convenciones comunitarias y la felicidad individual, la frustración, la contención emocional, la grisura del deber ser contra la posibilidad del escape, la imposibilidad de la felicidad. Visualmente, la deuda con Coppola/Willis también se mantiene incólume. En este caso, creo, es un error: por momentos, sobre todo durante la primera hora, la textura es demasiado “monotonal” y cuadrada, incapaz de inventarse caminos fuera de una visión a huevo gris y lluviosa. (Con la excepción de Abel Ferrara, me cuesta trabajo pensar en un director contemporáneo tan enamorado de su ominosidad visual, así esté filmando un momento feliz en una playa.)

La cinta, sin embargo, florece. Momento maestro: un plano abierto en una azotea que se cierra conforme Phoenix confiesa su amor, pasado y presente. Sensacional. Joaquin Phoenix deslumbra con una creación orgánica y dolorosa. Paltrow, por su parte, se libera generosa y desglamourizada; convence, por primera vez, como actriz.

Los amantes evade la lectura simplona. Ninguno de los personajes es tan puro o palmario como parece. El autoengaño, omnipresente, define al relato: a diferencia de La edad de la inocencia u otras historias similares de asfixia social, las convenciones y el contexto nunca le tienden una trampa insalvable al personaje de Phoenix, quien, previsiblemente, sólo se libera de sus traumas para entregarse a una infantil chaqueta mental inhabilitada de facto para trascender el apresurado cojín de lavadero. Al final, sus ojos revelan una conciencia que siempre estuvo ahí, expectante, completamente lúcida de la falsedad de sus azotes suicidas y su fingida pendejez.

Ni están todos los que son, ni son todos los que están, pero estos fueron nuestros 100 discos favoritos de esta agonizante década.

Por Mauricio González Lara, Salvador Fabela y Ricardo Avendaño

1. Funeral – Arcade Fire (2004)

“Arcade Fire es uno de los acontecimientos más importantes en el arte de los últimos 100 años”.- David Bowie

Si sólo tratáramos de describir al primer disco de Arcade Fire por su narrativa, sonaría como algo muy similar a Fanny y Alexander, la cinta de Ingmar Bergman de 1982: una obra sobre emociones infantiles, pérdida, ritos de iniciación, el dolor de la edad adulta, fantasmas familiares y una comunidad que, pese a sus gozosas tradiciones, se encamina al olvido; es decir, como una pieza de temas oscuros y nostálgicos. Lo es, pero como podrá atestiguar cualquier afortunado que lo escuche por primera vez, también es un álbum lleno de luz, euforia y esperanza. Con extrema naturalidad, sin poses, como si cumpliera un destino manifiesto felizmente aceptado por todos, Arcade Fire entregó en su debut la gran celebración vital de la década. Al Funeral le siguió en 2007 Neon Bible, disco que sólo confirmó lo que ya sabíamos: lo mejor aún está por venir.

2. XTRMNTR- Primal Scream (2000)

“Un disco cuya vigencia es a prueba de todo, incluso del mismo Primal Scream”.-NME.

“Estoy adelantado a mi tiempo”, canta Bobby Gillespie en 5 years ahead of my time, uno de los bonus tracks del XTRMNTR. En el 2000, año que se editó el disco, ¿quién podía discutírselo? El disco continúa siendo una experiencia sónica alucinante: un imparable monstruo electrónico de guitarras abrasivas que mezcla la acidez del punk estilo MC5 con la distorsión de My Bloody Valentine y los beats del mejor trabajo de The Chemical Brothers. El XTRMNTR es una tormenta de sonido expresada en función de una protesta política efectiva y ajena al compromiso militante: Pills y Swastika eyes explotan como granadas, mientras Shoot speed/Kill light materializa la sensación que debe experimentar un piloto cuando su avión de combate rompe la barrera del sonido.

3. Yoshimi Battles the Pink Robots – The Flaming Lips (2002)

“No hay nada más inspirador que The Flaming Lips”.- Cat Power.

Wayne Coyne, líder conceptual de The Flaming Lips, parecía destinado al fracaso: mantener el nivel del Soft Bulletin, uno de los discos claves de los 90, lucía como labor imposible, algo casi tan complicado como la misión en la que se embarcaban su par de protagonistas para salvar al mundo. Pero Coyne triunfó y la crítica enloqueció: “Fábula imposible de ciencia ficción”, “reinvención del espíritu de Brian Wilson”, “reflexión sobre la pérdida de humanidad frente a la tecnología”. Blah blah blah. Lo mejor de Yoshimi es su empatía: cuando Coyne nos dice que aprovechemos cada momento como si fuera el último en canciones como Do you realize?, no escuchamos a una rock star estilo Bono tirándonos netas, sino a un buen amigo que en verdad desea lo mejor para nosotros. ¿Acaso se puede pedir más?

4. Revés/ Yo soy – Café Tacuba (1999/2000)

“Una de las grandes bandas de todos los lugares y de todos los tiempos”.- Gustavo Santaolalla, productor.

A estas alturas, calificar a Café Tacuba como el combo más consistente y sólido de México suena a aburrida reiteración. A fines de 1999, sin embargo, el grupo todavía no lograba quitarse del todo la imagen de broma pintoresca con la que muchos asociaban su estilo. Revés/Yo soy dinamitó esos prejuicios: Revés, el disco instrumental, les ganó el respeto de la alta crítica y varias figuras icónicas (Kronos Quartet); por otro lado, Yo soy, el disco “pop”, ratificó en un tono personal sus inmensas habilidades para fusionar las raíces populares de la canción mexicana con las tendencias globales. La proeza transformó al cuarteto de Satélite en improbables ídolos: dos gorditos, un flacote y un chaparrito prieto: cuatro individualidades poderosas, auténticas y estimables. (Nota: si bien en términos estrictos el Revés/Yo soy se edito en el segundo semestre de l999, su impacto y resonancia sin duda pertenecen a esta década.)

5. Sound of Silver –LCD Soundsystem (2007)

“James Murphy es una fuerza de la naturaleza”.- Tiga.

El segundo disco de LCD Soundystem es una hábil sumatoria de lo mejor de los últimos 30 años: Bowie, The Flaming Lips, Kraftwerk, el disco, el punk, Tiga, Daft Punk, en fin, éste es un álbum con todo y para todos. Esa razón sería suficiente para incluirlo en esta lista; no obstante, el aspecto que hace del Sound of Silver una obra indispensable es su profunda emotividad lírica: de no ser porque hace “música dance” (cualquier cosa que eso signifique), James Murphy sería uno de los letristas más valorados de hoy, sobre todo entre los treintañeros que comienzan a sentir el peso de los años. El Sound of Silver es, grosso modo, un trabajo sobre la crisis de la mediana edad. Dos botones de muestra: Someone great, pieza que relata la terrible normalidad con la que la vida sigue tras la pérdida de una persona amada, y All my friends, track que captura el vacío anticlimático de llegar “con éxito” a la edad donde no pasa nada y pasa todo: where are your friends tonight? If I could see all my friends tonight! Brutal.

6. Kid A – Radiohead.

El peso de seguir al Ok Computer, considerado casi por unanimidad como el mejor disco de la década pasada, era razón suficiente para tirar la toalla, o peor aún, entrar a una aburrida zona de confort. El grupo liderado por Thom Yorke optó por lo contrario: hinchados de un palmario sentido de propósito, produjeron el Kid A, quizá el disco en que logran balancear de manera más sólida la experimentación electrónica con su naturaleza de banda de rock. El Kid A es un grito de desesperación emitido desde las entrañas de un centro comercial: un sentimiento quebrado y hermoso.

7. Merriweather Postpavillion – Animal Collective. Aunque podría funcionar como un sólido argumento para promover la legalización del ácido, lo cierto es que el triunfo del disco radica en conjuntar una complejísima sicodelia con melodías de una ductilidad casi acuática.

8. Vespertine – Björk. No es una bodega de sencillos: el Vespertine es un paraíso privado al que se entra en busca de verdad y sosiego. El pico más alto en la carrera de la Islandesa.

9. Is this it? / The Strokes. El disco que hizo que el rock sin pretensiones volviera a sonar como una buena idea.

10. I am a Bird Now/ Antony and the Johnsons. La insólita voz de Antony ansiosa por conectar con los bellos sentimientos.” You are my sister, and I love you”. ¡Claro que sí!

11. Sea Change – Beck. Sin artificio ni floritura, Beck produjo el “heartbreak” álbum de los primeros años del siglo. Sensual desolación.

12. Discovery – Daft Punk. Si tuviste la fortuna de verlos en vivo, no tenemos que explicar nada; si no los viste, pues te retamos a pensar en un disco de mayor influencia en la música electrónica actual.

13. Stories From the City, Stories From the Sea -PJ Harvey. Aunque el White Chalk y el Uh huh her tambien podrían estar en esta lista, nos inclinamos por este álbum gracias a This mess we´re in, áspera crónica del desastre amoroso cantada a dúo con Thom Yorke.

14. Third – Portishead. Todos esperaban algo que sirviera como pretexto para hacer una gira de “grandes éxitos”, pero Portishead entregó su disco más propositivo y su canción más alucinante: The rip.

15. Powder Burns – The Twilight Singers. Con este desagarrado disco conceptual sobre la adicción a la cocaína, Greg Dulli, motor creativo de Twilight Singers y otrora líder de Afghan Whigs, logró su absoluta obra maestra.

16. White Blood Cells – The White Stripes. Blues + explosividad de garaje + llamativo vestuario bicolor + vocalista cara de niño y acento sureño imposible + adorable baterista de tetas enormes + lúdica duda sexual (¿hermanos? ¿amantes? ¿las dos?) + rolas contagiosas que hubieran enorgullecido al mismísimo Phil Spector. La ecuación de éxito de The White Stripes sería irresoluble, obvio, sin la genialidad de Jack White, uno de los pocos personajes icónicos con los que contamos hoy.

17. Turn on the Bright Lights – Interpol. Basta de asociarlos con Joy Division. El mismo Ian Curtis hubiera alzado los brazos y exclamado “gracias” ante una canción tan inmensa como NYC.

18. Silent Shout – The Knife. Tras el éxito mundial de Heartbeats y la colaboración de Karin Dreijer Andersson con Röyksopp, The Knife lanzó un trabajo casi imposible de precisar: un disco de texturas amenazantes y gélidas que, irónicamente, es toda una joya pop.

19. Saturdays = Youth – M83 Un inmenso homenaje a una adolescencia perdida que quizá nunca existió. Todos, absolutamente todos, nos hemos enamorado de una Graveyard girl.

20. Kala – M.I.A. La verdadera voz de la “world music”; una innovadora y ferozmente bailable amalgama de sonidos que, si bien basados en la etnicidad, proyectan los malestares de la aldea global con estilo y contundencia. El punto cumbre es Paper Planes: hiperpegajosa rola que, con la invaluable producción de Diplo, su otrora novio, es uno de los hits más propositivos y socialmente pertinentes de ésta y todas las décadas. “I fly like paper, get high like planes.”

21. Rock and Roll- Ryan Adams. De irresistible sencillez, este disco es la introducción perfecta al subvalorado y prolífico Ryan Adams. Ahora, si lo tuyo es el azote amoroso, recomendamos el Love is hell.

22. Because of the Times – Kings of Leon. El álbum más redondo de los hermanos Followill. Knocked up, en especial, es un clásico que defiende la decisión más antirock de la historia: cumplirle a la chava que embarazaste.

23. Hot Fuss – The Killers.

Provisto de un saludable sentido faux glam –no se podía esperar menos de un grupo originario de Las Vegas-, el primero y hasta ahora mejor disco de The Killers estaría más arriba de nuestra lista de no ser por la abrupta caída que sufre en su lado B. Como sea, pocas bandas tuvieron momentos más emocionantes que las sonrientes líneas de sintetizador al final de Mr. Brightside, o la honesta conminación a ser feliz de Smile like you mean it o ya de plano los coros pegajosos de All these things that I’ve done.

24. † – Justice. Del “electro” grasoso de Phantom a la pesadillesca Stress, sin olvidar la adorable D.A.N.C.E., la versatilidad del debut de Justice justifica su estatus de “fenómeno cultural”.

25.Every Day – Cinematic Orchestra. Con Every Day, de 2002, Jason Swinscoe demostró que ya no era un mero geniecito que se entretenía con samplers de jazz en su computadora personal, sino el líder de un diverso ensamble que incluía a Roots Manuva y la legendaria Fontella Bass. Los puristas se quejaron de que Cinematic Orchestra era una prostitución experimental del jazz; no obstante, estamos seguros que el mismo Miles gritaría emocionado con Evolution, o por lo menos chasquearía los dedos al ritmo de The man with the movie camera.

26. Come on feel… the Illinoise – Surfjan Stevens. Al principio suena como una broma elaborada: un proyecto donde cada álbum representará una provincia de Estados Unidos y se abordarán temas que irán desde OVNIs hasta el convivio con zombies, sin olvidar un templo erigido en memoria de Abraham Lincoln. No obstante, una vez que se escucha sin prejuicios, todo comienza a cobrar sentido: la fusión de cuartetos de cuerdas, metales, banjo, piano, oboe y coros crea un ambiente exquisito e intrincado, en el que cada una de las 22 piezas integran una capa que se superpone a la anterior en sublime intoxicación. ¿Y la cordura narrativa? ¡No jodan con nimiedades!

27. Boxer – The National. En su cuarto disco, The National aprendió a usar la austeridad como escenario de lujo para una contención musical que, paradójicamente, terminó por resaltar la intensidad de sus letras, como evidenció el éxito de Fake empire, lo más parecido que han tenido a un hit.

28. Demon Days – Gorillaz. Con la ayuda de Danger mouse, Damon Albarn no sólo superó el debut de su “banda virtual”, sino que alcanzó una popularidad insólita para un proyecto que, en el fondo, es un bizarro experimento.

29. Rooty – Basement Jaxx. Infaltable en cualquier fiesta de respeto, Rooty puso a todos a bailar con la romántica Romeo y la sexosa Get Off.

30. A Brief History of Love – The Big Pink. Si el proyecto de un álbum de Oasis producido por Death in Vegas se hubiera concretado, el resultado sería algo muy similar The Big Pink. Uno de los derroteros musicales de la próxima década.

31. Fever to tell – Yeah Yeah Yeahs. Cuando Karen O grita que “tiene una cita con la noche”, resulta imposible no desearla, pero cuando canta Maps, lo imposible es no amarla.

32. Dizzee Rascal – Boy in Da Corner

Letras reflexivas y políticamente incorrectas, fraseo de abrumadora habilidad, beats y sintetizadores agresivos, en fin, las credenciales de Dylan Mills, mejor conocido como Dizze Rascal, eran perfectas, por lo que no le costó mucho establecerse como una estrella indiscutible del hip-hop con este muy paranoico Boy in Da Corner, de 2004. Plus: a diferencia de sus contrapartes norteamericanas, tan obsesionadas con su dinámica de “malotes”, a Dizzee nunca le ha dado miedo bailar, como lo demuestra la irresistible Fix up, look sharp!

33. Let It Come Down- Spiritualized. El genio psicodélico de Jason Pierce al servicio de sentidas canciones de amor, ruptura y redención. Toda una limpia espiritual.

34. A Grand Don’t Come for Free- The Streets. ¿Te acaban de tronar? Este contemplativo disco de Mark Geoffrey Skinner, alias The Streets, contiene el mejor sencillo para que le eches ganitas y sigas adelante: la ya clásica Dry your eyes.

35. Anoche – Babasónicos. La secuencia inicial de Carismático / Yegua /Un flash desdobla las letras más inteligentes del rock en español. Si no lo entiendes así, pues, “tienes que aprender a fingir más”.

36. Speakerboxxx / The Love Below – Outkast. Sincretismo sin mácula entre la rapidez del hip hop, el funk estilo George Clinton y la sensibilidad sónica producida por el consumo constante de tachas. Gozoso hasta decir basta.

37. Return to Cookie Mountain – TV On the Radio. A veces se exagera el perfil alternativo de TV On the Radio: la majestuosidad de Province, exponenciada por los coros de David Bowie, es tan universal que hasta un fan de Paulina Rubio podría entenderla.

38. Agaetis Byrjun – Sigur Rós. Evitaremos el cliché de mencionar la fantástica secuencia de The life aquatic con Starálfur. Nuestro mejor argumento es el coro victorioso estilo Hey Jude de Olsen Olsen.

39. Heathen – David Bowie. Bowie no estaba de humor en 2002 para exploraciones electrónicas o búsquedas estilísticas, por lo que a la manera de un viejo lujurioso sacado de una novela de Philip Roth, confeccionó una obra vibrante y dura que se paseaba entre la incertidumbre (Afraid), la esperanza vencida (A better future), y el ansia sexual. Todo con un ánimo pagano cuya visión del paraíso era un amabilísimo vecindario donde hasta el perro del vecino decía “hola” (Everyone says hi).

40. Up the Bracket –The Libertines. Cada vez que te levantes crudo y destruido tras una noche de excesos, piensa en The Libertines y anímate: aún te falta mucho para llegar abajo.

41. Coles Corner – Richard Hawley. Tras escuchar la telúrica The ocean, hasta el más escéptico está obligado a aceptar que quizá Hawley no sea Lee Hazelwood… pero casi.

42. Future Sexx/ Love sounds – Justin Timberlake. El disco más logrado del ídolo pop de la década. Los minimal beats de Sexy back, cortesía de Timbaland, son de otro mundo.

43. The Private Press – DJ Shadow. Un viaje que va de tracks cachondísimos como Six days a inquietantes piezas capaces de joder tu alma para siempre (Blood in the motorway).

44. Grinderman – Grinderman. Mientras un cincuentón común y corriente se compra un auto deportivo para desviar la atención de su propia decadencia, un tipo como Nick Cave graba un disco de rock durísimo sobre ansiedad apocalíptica y frustración sexual.

45. The Warning -Hot Chip. El trabajo más memorable del polifacético combo electropop inglés. El remix de Erol Alkan de A boy from school es épico.

46. As Heard on Radio Soulwax pt. 2 – 2 Many DJ’s. Hay innovaciones cuyo valor iconoclasta es tan contundente que se transforman en referentes de cualidades casi antropológicas. Entonces, así como entender la significación de Google, el iPod o la cultura del “narco” resulta fundamental para comprender el principio del siglo XXI, el “mash up” será crucial para comprender la naturaleza del hoy en el futuro. Bajo esa lógica, la valía de lo hecho por Soulwax en su versión “mashera todo va” de 2 Many DJ’s es monumental. Quizá lo único que supera su importancia es su capacidad de diversión: la fiesta es interminable con estos maestros.

47. The Seldom Seen Kid – Elbow. Accesible y emotivo, contiene One day like this, himno a la sorpresa y poder del amor. “Holy cow I love your eyes!”

48. Poses – Rufus Wainwright. La colección de canciones más delicada de Rufus. La conmovedora Poses fue reinterpretada en jazz por el trompetista Dave Douglas en su memorable The infinite.

49. Yankee Hotel Foxtrot – Wilco. Este disco le gusta incluso Este disco le gusta incluso a las personas que odian a Jeff Tweedy, líder de Wilco. Baladas como Kamera y Jesus etc. se desdoblan con entrañable sencillez, mientras que Pot Keetle Black y Ashes of American flags reflejan el ánimo de miedo del Estados Unidos de la era Bush. “You were right about the stars, each one is a setting sun”.

50. Scorpio Rising – Death in Vegas. La dupla de apertura, Leather y Girls, valen la inclusión: una turbina de guitarras que se torna en atmósfera de ensueño, con todo y voces femeninas que sugieren un mundo mejor. La parte de Girls sale al principio de Lost in Translation.

Los otros 50

51. The Last Broadcast – Doves

52. Under Construction – Missy Elliot

53. Franz Ferdinand – Franz Ferdinand

54. The Black Album – Jay Z

55. Comfort of Strangers – Beth Orton

56. Primary Colors – The Horrors

57. White Pony – Deftones

58. Ten silver drops – The secret machines

59. 23 – Blonde Redhead

60. Untrue –Burial

61. The Reminder – Feist

62. The Drift – Scott Walker

63. Sonic Nurse – Sonic Youth

64. Kill the Moonlight – Spoon

65. Top Ranking – Diplo and Santogold

66. Rings around the world – Super Furry Animals

67. Parachutes – Coldplay

68. Silent Alarm – Bloc Party

69. The Moon and Antarctica – Modest Mouse

70. No Way Down – Air France

71. It Still Moves – My Morning Jacket

72. Attack Decay Sustain Release – Simian Mobile Disco

73. Whatever People Say I am That’s What I’m Not – The Arctic Monkeys

74. Drukqs – Aphex Twin

75. Lift Your Skinny Fists like Antennas to Heaven- Godpseed You Black Emperor!

76. The Hour of the Bewilderbeast – Badly Drawn Boy

77. And Then Nothing Turned Itself Inside Out – Yo la Tengo

78. Rubbers and Cowards – Cold War Kids

79. Friendly Fires – Friendly Fires

80. Set Yourself on Fire – Stars

81. All is Dream – Mercury Rev

82. Bow Down to the Exit Sign – David Holmes

83. Chaos and Creation in the Back Yard – Paul McCartney

84. Graduation – Kanye West

85. You are the Quarry –Morrissey

86. Give Up – The Postal Service

87. Oracular Spectacular -MGMT

88. Howl Howl Gaff Gaff – Shoutout louds

89. Ok Cowboy – Vitalic

90. Push the Button – The Chemical Brothers

91. Crack the Sky –Mastodon

92. Ys – Joanna Newsom

93. Nite Versions – Soulwax

94. Van Lear Rose -Loreta Lynn

95. Figure 8 – Elliot Smith

96. The Life Pursuit – Belle and Sebastian

97. The Greatest – Cat Power

98. Veckatimest – Grizzly Bear

99. Rated R – Queens of the Stone Age

100. New Morning Changing Weather- International Noise Conspiracy

++Esta lista fue escrita originalmente para la revista Deep, donde apareció reducida y alterada sustancialmente. Esta es la versión original, la de los autores, pues.

+++¿Deseas “downlodear” dos mixtapes con una selección de la música comentada en la lista? Haz click “aquí”

Mixtape 1

01 The Surface Of Saturday Night/ DJ Clivester /Chemical Brothers / Elton John

02 A Better Future (Remix By Air)/ David Bowie

03 Flashing Lights (Glow in the dark mix)/ Kanye West

04 Fix Up, Look Sharp/ Dizzee Rascal

05 Hang Me Up To Dry/ Cold War Kids

06 Forty Dollars/ The Twilight Singers

07 Wake Up (Live)/ Arcade Fire & David Bowie

08 Shoot Speed / Kill Light(Live in Japan )/ Primal Scream

09 Graveyard Girl/ M83

10 Boy From School (Erol Alkan’s Rework)/ Hot Chip

11 El Espacio (En vivo)/ Café Tacuba

12 Lord Can You Hear Me/ Spiritualized

13 Do You Realize? (UFOs at the zoo live version) The Flaming Lips

Bonus track: Too young to love (Delorean mix) The Big Pink

Descargar “aquí”

Mixtape 2

01 Poses/ Dave Douglas (cover Rufus Wainwright)

02 Man With The Movie Camera / The Cinematic Orchestra

03 The Rip/ Portishead

04 Lost Cause/ Beck

05 Technologic (Death To The Throne Remix)/ Daft Punk

06 My Friend Dario/ Vitalic

07 Summertime Clothes/ Animal Collective

08 69 Police/ David Holmes

09 All My Friends/ LCD Soundsystem

10 One Day Like This/ Elbow

11 So Alive/ Ryan Adams

Bonus track: Blood On The Motorway (Live)/ DJ Shadow

Descargar “aquí”

No sabemos si son las mejores o las más importantes, ni siquiera estamos ciertos de que sean nuestras favoritas, pero estas 50 películas mantuvieron viva nuestra fe en el cine.  

1. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

“Sé que soy un muy buen director, pero también sé que nunca realizaré algo tan bueno  como Mulholland Drive”.- Brian De Palma

El segundo movimiento del tríptico lyncheano sobre fugas psicogénicas -iniciado por Lost Highway en 1997, y cerrado brillantemente en 2007 por Inland Empire-, es nuestra película favorita de la década por tres motivos. Uno, pese a todos sus juegos estructurales, es una cinta de una extrema sencillez emotiva, tan universal como el sentido de desazón que implica el abandono y la traición amorosa. Dos, tras una serie de desencuentros con la crítica, redimensionó públicamente a Lynch como lo que es: uno de los grandes genios en la historia del cine. Tres, en una década en la que se especuló tanto sobre el agotamiento del séptimo arte, lo reveló como un medio donde aún existen miles de posibilidades por explorar. ¿Necesitas una cuarta razón? Contiene la secuencia lésbica más tierna de todos los tiempos.

2. Dogville (Lars Von Trier, 2003)

“Si Von Trier hubiera publicado el guión como obra de teatro, hubiera ganado sin problema el Pulitzer”.-   Quentin Tarantino.

Según cuenta la leyenda, Björk, estrella de Dancer in the Dark,  le escribió una carta a Nicole Kidman para advertirle que no trabajara con Von Trier en esta brechtiana pieza inicial de su “trilogía americana” porque, palabras más, palabras menos, la experiencia terminaría “marchitándole el alma”. Afortunadamente, Kidman no le hizo caso y protagonizó lo que quizá sea la obra más misántropa de Lars: imposible no sentir un extraño sentido de vindicación cuando Dios deja sentir su furia sobre las traicioneras y encajosas criaturitas de Dogville. Kidman ya no regresó para protagonizar Manderlay, la no menos lograda secuela.

3. Deseando amar (Wong Kar Wai, 2000).

“Una inspiración para Perdidos en Tokio”.- Sofia Coppola, directora.

Un hombre y una mujer, Chow y Su,  se hacen amigos. Con el transcurso de los días, tras intercambiar sonrisas y saludos, el azar les juega una mala broma: la esposa de él y el marido de ella son amantes. ¿Qué hacer? ¿Confrontarlos o pagarles con la misma moneda? El punto de partida de Deseando amar (In the mood for love) sería la anécdota ideal para un truculento drama o un delirante film noir, o una sabrosa combinación de los dos, pero la cinta de Wong Kar Wai es algo completamente distinto: un soberbio despliegue de contención basado en la lógica de que “amar es no conseguir”. La fotografía de Christopher Doyle es deslumbrante.

4. Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999 /2000)

“El trabajo de Paul Thomas Anderson es una de las pocas cosas que me gustan de Estados Unidos”.- Lars Von Trier

La primera década del siglo fue pródiga en películas cuyas estructuras narrativas se desdoblaban en múltiples subtramas con diversos personajes que confluían en puntos espacio-temporales que, si bien establecidos de una manera un tanto caprichosa, resultaban efectivos para alcanzar un efecto dramático unitario. De todas estas cintas, la más oceánica es Magnolia, cuyo relato plural se sostiene infatigable y monumental por más de tres horas. La cumbre poética: el coro unificador de Wise up, la canción de Aimee Mann que interpretan por turno todos los protagonistas de la cinta, incluido Tom Cruise en su papel de gurú del revanchismo sexual.     

5. The  Royal Tenenbaums (Wes Anderson, 2001)

“El espíritu de J.D. Salinger vive en Anderson”.- Village Voice, publicación neoyorquina. 

Las cintas de Wes Anderson son sobre inocencias perdidas: del Owen Wilson que se declara invencible en Bottle Rocket, al Adrien Brody que se lamenta  del niño que no salvó en Darjeeling Limited, sin olvidar la nostalgia de Bill Murray frente al pez tiburón de The Life aquatic, todas exploran la necesidad imperativa de recapturar la sinceridad de la infancia. Bajo esa lógica, nada más conmovedor que ver a un crepuscular Gene Hackman en gozosa pinta con sus nietos. La redención es posible, cómo no. Lo mejor de Anderson.

6. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). Con la excepción de Human Nature, todo lo que tocó Charlie Kaufman en estos años merecería estar en esta lista, incluida su opera prima como director, la subvalorada Sinécdoque, NY.  Nos inclinamos por esta cinta de Michel Gondry por una sencilla razón: es la película favorita de nuestras novias, pasadas y presentes.

7. Cartas desde Iwo Jima (2006). De todas las obras maestras dirigidas por Clint Eastwood, ésta es la más insólita: un homenaje al honor nipón que también funciona como una pertinente protesta contra el belicismo estadounidense. 

8.  24 Hour Party People (2002) De Joy Division a Happy Mondays, y de New Order al “rave”, Michael Winterbottom nos enseña que la historia musical de Manchester es, a fin de cuentas, buena parte de nuestra historia. “We’re here to stay!”

9.  Beau Travail (1999/2000) Libremente basada en Billy Budd, de Herman Melville, la obra maestra de Claire Denis es un tributo a la belleza plástica del cuerpo masculino. El baile final de Denis Lavant al ritmo de Rhythm of the night es toda una explosión de tristeza.

10. Héroe (2002) Zhang Yimou lleva al género Wuxia (espadas y artes marciales) a la espectacularidad sin límites, a la vez que lo dota de un muy inteligente subtexto de crítica política. Epica en todos los sentidos.

11. Perdidos en Tokio (2003). ¿Quién iba a pensar que Bill Murray y Scarlett Johansson se convertirían en una de las más memorables parejas amorosas del cine contemporáneo? Como bien apuntó Jorge Ayala Blanco en su momento, Murray derrocha aquí una simpatía no vista desde los lances de ingenio de Cary Grant.

12. Audición (2000).  Esta violenta fábula sobre la cosificación de la mujer es la película más tensa y controlada del prolífico Miike Takashi. Un clásico del horror.

13. Donnie Darko (2001). Angustia adolescente, teorías metafísicas, ciclos espacio-temporales, nostalgia ochentera y la que quizá sea la única buena actuación del recientemente fallecido Patrick Swayze.

14. Lilya 4 ever (2002). Desgarrador testimonio de la degradación social de Rusia, la fábrica de putas de Europa.  

15. Niños del hombre (2006) No es una cuestión de simpatía por lo mexicano: los demenciales planos secuencia logrados por Alfonso Cuarón son inolvidables. Punto.

16. Femme Fatale (2002). La película suma de Brian De Palma: un rompecabezas que, además de ser un desbocado ejercicio de estilo, sirve como un fascinante testimonio de sus obsesiones más misóginas.

17  La mala educación (2004). La mejor actuación de Gael García en la más oscura cinta de Almodóvar. ¿A poco Gael no se ve guapo vestido de mujer? Anda, ¡acéptalo!

18. High Fidelity (2000). El guiño de ojo cool sería hacer un top ten de las razones por las que está en la lista, pero no tenemos espacio. Ni modo John Cusack.

19. En el hoyo (2006). El plano aéreo del “segundo piso” que cierra la película es la toma más amorosa que alguien le haya hecho jamás a la ciudad de México.

20. Colateral (2004). Es un momento mágico que ocurre pasada la primera hora: el taxi donde viajan  Jamie Foxx y Tom Cruise se cruza con un coyote que se pasea señorialmente por las calles de Los Angeles. Vemos los ojos del coyote, vemos los ojos de Cruise, y sabemos que éste va a morir en absoluta soledad. Simplemente lo sabemos.

21. About a boy (2002). “Si cada hombre es una isla, ¡entonces yo soy Ibiza!”  

22. Déjame entrar (2008). Lo mejor es la inquietante presencia de Lina Leandersson, uno de los mejores vampiros de la historia. Lina sublima al sexo más allá de la edad, el género y la humanidad misma. De otro mundo.

23. Kill Bill 1 y 2 (2003 y 2004). Uno no sabe qué pensar hasta que “La novia” llega a Japón y comienza a sonar el tema de El avispón verde: intoxicación pop a la máxima potencia.

24. Oldboy (2003). Con un estilo que combinaba el virtuosismo histérico del mejor Brian De Palma con la gráfica visceralidad de Miike Takeshi, Chan Wook Park consiguió una de las más azotadas historias de venganza de las que se tenga memoria. “Cuando ríes, el mundo ríe contigo; cuando lloras, lloras solo”.

25. Battle Royale (2000). Si alguna vez han soñado con masacrar al elenco de RBD o Camaleones, entonces entenderán la inclusión de este prendido divertimento del ya finado Kinji Fukasaku.

26. Grizzly Man (2005). Miembros de Greenpeace, aléjense: este documental de Werner Herzog nos convence de que la naturaleza está llena de crueldad y depredación.

27. Antes que el diablo sepa que estás muerto (2007). Ethan Hawke, Philip Seymour Hoffman y una buenísima Marissa Tomei bajo la mano de un aún muy intenso Sidney Lumet. Una pieza de refinada relojería. 

28. La muerte del Sr. Lazarescu (2005). Lección: la única manera de conseguir atención médica rápida y eficiente en este mundo es pagando por ella.

29. Rubber Johnny (2005). Los cortometrajes de Chris Cunningham son claves para entender la concepción casi poshumana con la que vemos las posibilidades morfológicas de nuestros cuerpos. ¡Qué mejor ejemplo que Rubber Johnny!

30. Nueve reinas (2000). La película de “estafadores” de la década no vino de David Mamet ni de Steven Soderbergh, sino del argentino  Fabian Bielinsky, quien murió de manera prematura en 2006, tras filmar El aura.

31. Standard Operating Procedure (2008).

32. Minority Report (2002).

33. Match Point (2005).

34. Temporada de patos (2004).

35. We own the night (2007).

36. The Dark Knight (2008).

37. Ratatouille (2007).

38. La hora 25 (2002).

39. La Comunidad (2000).

40. Coraline (la versión en 3D de 2009).

41. Revolutionary Road (2008).

42. Kung-fusion (2004).

43. La pianista (2001).

44. Las estaciones de la vida (2003).

45. Vals con Bashir (2008).

46. Bully (2001).

47. A scanner darkly (2006).

48. No country for old men (2007).

49. Exterminio (2002).

50. The Host (la coreana de 2006).

**Esta lista forma parte del número especial de lo mejor de la década de la revista Deep, edición diciembre. Llega este fin a las tiendas. ¡A comprarlo! 

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La Winslet nos ha engañado a todos. Pese a que se ha reinventado en el último lustro como una inmaculada diva de perfecta belleza cuya ambición se centra en papeles serios y “oscareables” -como los que interpretó en la sobrevalorada The Reader y en la magistral Revolutionary Road (dirigida por su esposo, Sam Mendes)-, lo cierto es que, para fortuna de los que la vimos debutar en cine hace ya 15 años como Juliet Hulme, la rechoncha y asesina lesbiana sabelotodo  de Criaturas Celestiales, en el fondo Kate sigue siendo la mundana y terrenal amiga que a todos nos gustaría tener.

El atractivo principal de Kate no es su innegable guapura, ni su frondosa silueta (la cual ha llegado a ser “photoshopeada” contra su voluntad por publicaciones como GQ), sino su cálida inteligencia, la cual se desdobla en todo lo que hace: sea en el terreno cien por ciento comercial (Titanic, Finding Neverland), sea en la arena independiente (Quills, Hideous kinky, Eternal sunshine of the spotless mind), o sea en el territorio autoparódico al que sólo pueden acceder las grandes estrellas (su hilarante participación como ella misma en Extras, la serie creada y protagonizada por Ricky Gervais).

La Winslet no decepciona: siempre es inteligente, pero a diferencia de otras actrices de su generación, esta cualidad redunda en que nunca pierde su amable accesibilidad. No sólo estamos enamorados de Kate, sino que la queremos y deseamos que envejezca con nosotros. ¿Cuántas celebridades pueden presumir de tal proeza?    

*Este texto forma parte de una serie de perfiles elaborados para la revista Glup, la cual pueden conseguir en Sanborns y otros puntos de venta.

**El  video muestra todos los minutos en pantalla de Kate durante su participación en Extras. Dato curioso: la serie fue realizada antes de The Reader, película por la que Winslet obtuvo el Oscar. Irónicamente, la película aborda el tema del  Holocausto. La fotografía es de Mario Testino.

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Quizá el Cisen no sea tan glamuroso como la CIA o el Mossad, pero les podemos asegurar que, en la práctica, puede ser igual de ojete.

Desde su creación, el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) ha sido objeto de las más paranoicas “teorías de la conspiración”. La mayoría son falsas; no obstante, hemos encontrado por lo menos tres buenas razones para temerle a “la CIA mexicana”

1)      Lo que menos le interesa es la seguridad del Estado

De acuerdo con sus documentos oficiales, el Cisen es un órgano civil y desconcentrado dependiente de la Secretaría de Gobernación cuya razón de ser es generar inteligencia en materia de seguridad nacional. Su misión es manejar un sistema de análisis estratégico, táctico y operativo que genere información privilegiada para la toma de decisiones, que alerte sobre amenazas y riesgos internos y externos a la seguridad nacional, y que preserve la integridad, estabilidad y permanencia del Estado mexicano, todo, supuestamente, en el marco de un gobierno democrático y de respeto al “estado de derecho”.

Si nos atenemos a las definiciones técnicas de “labores de inteligencia”, se entiende que son todas aquellas acciones legítimas para anticipar y prevenir los riesgos naturales con los que puedan verse involucradas las fuerzas de seguridad en el país. Concretamente, la “inteligencia” es el conocimiento especializado que el Gobierno requiere para tomar las mejores decisiones posibles respecto a fenómenos que imponen un obstáculo al interés del país. El concepto de “amenaza a la seguridad nacional” es amplio y cambiante, pero se delimita en función de un sencillo criterio: la viabilidad de las reglas es instituciones en las que descansa el contrato social. Así, una amenaza puede ser un desastre natural, intrigas de una nación antagónica, actos terroristas, sabotaje, o como ha sucedido en tiempos recientes, grupos criminales cuya omnipresencia ponga en peligro a las estructuras mismas del Estado, como es el caso del narcotráfico.

Bajo estos criterios, los organismos de inteligencia mexicanos nunca han cumplido a cabalidad con el objetivo para el que fueron creados. No por negligencia –de hecho, la inteligencia mexicana dista mucho de estar aquejada por el tercermundismo característico del resto de la burocracia azteca-, sino por una razón de mera conveniencia: el Cisen, así como el resto de los cuerpos de seguridad nacional no militares, responde a las necesidades políticas del presidente y el partido en el poder, y no a los intereses supremos de la nación. Siempre ha sido así. El Cisen fue creado en 1989, en sustitución de la Dirección de Investigación y Seguridad Nacional, que a su vez era el reemplazo de la temible y temida Dirección Federal de Seguridad, la cual operó de 1947 a 1986. La Dirección Federal de Seguridad, moldeada por el ya fallecido Fernando Gutiérrez Barrios, nunca maniobró como un órgano de seguridad, sino como una especie de policía política del binomio PRI/Gobierno: lejos de elaborar escenarios y ejecutar planes disuasivos que garantizaran la supresión permanente de los riesgos a la nación, la Dirección Federal de Seguridad se dedicó a aplastar sistemáticamente a todas las voces disidentes que pusieran en riesgo el sistema de partido hegemónico que gobernó al país durante más de 70 años. El saldo de esa “guerra sucia” fueron decenas de desaparecidos políticos y una nula capacidad de acción frente a los verdaderos enemigos del Estado.

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No es casualidad que, una vez desmembrada, varios agentes de la Dirección Federal de Seguridad se dedicaran al secuestro, como se puede comprobar si se revisa el historial de las principales bandas criminales de años recientes. Incapacitado por ley para realizar arrestos, así como despojado de las prerrogativas supralegales con las que sus agentes se manejaban en los tiempos de “Don Fernando”, el Cisen quizá sea menos temible que la difunta Dirección Federal de Seguridad; sin embargo, sí parece compartir su principal defecto: la sumisión de sus funciones a la conveniencia política del gobierno en turno. Va un irónico ejemplo: hace unos meses, Manlio Fabio Beltrones, líder de la bancada priista en el Senado, se quejó públicamente de que el Cisen lo espiaba día y noche, y en específico, solicitó la renuncia de su director Guillermo Valdés Castellanos (muy amigo, por cierto de Felipe Calderón). Según Beltrones, en colaboración con el entonces presidente del PAN, Germán Martínez, el Gobierno utilizaba al Cisen para acusar a candidatos priístas de presuntas relaciones con el crimen organizado. ¿Y la seguridad nacional? Bien, gracias.

2)      Es menos ineficiente de lo que pretende.

Hace un par de años, tras los bombazos en instalaciones de Pemex, cuya autoría reivindicó el  Ejército Popular Revolucionario (EPR), la administración de Felipe Calderón difundió que el Cisen estaba desmantelado, y que sus recursos eran casi nulos. Según el ejecutivo, nuestros espías, si es que se les podía llamar así, eran prácticamente de juguete. El dinero, empero, muestra otra realidad: durante la presente administración, el Cisen ha recibido aumentos presupuestales sin precedente. De 665 millones de pesos ejercidos al inicio del gobierno de Vicente Fox, hace 9 años, se ha pasado a 2, 439 millones de pesos asignados en este 2009. ¿Cuál desmantelamiento? Sergio Aguayo, autor de La Charola: una historia de los servicios de inteligencia en México, ha elaborado una interesante hipótesis de trabajo. Palabras más, palabras menos, Aguayo sostiene que hay cuatro grandes sistemas de inteligencia en México: dos privados -el del Sindicato Nacional de Maestros de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el de la iglesia- y dos federales, el del ejercito y el Cisen. La CIA, supone, cuenta también con uno en sus consulados. Cuando asumió la presidencia en el 2000, Vicente Fox ordenó la reducción de atribuciones del Cisen, en aras de reordenar el esquema de seguridad.

Antes de su muerte en un accidente automovilístico, Adolfo Aguilar Zínser, ex Consejero de Seguridad Nacional de Fox, le comentó a Aguayo que la orden no había sido ejecutada tal y como se había difundido: por el contrario, el sistema de información del Cisen se había desagregado de tal forma en que, si una persona ajena a los intereses de la agencia solicitaba el expediente de un personaje, sólo aparecían datos inocuos; en cambio, si un funcionario del círculo interno requería el mismo expediente, el sistema se agrupaba y se producía información detallada y pormenorizada de todas sus actividades. Según Zínser, el Cisen nunca se desmanteló, simplemente se reinventó para alejarse del radar de la opinión pública.

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3)      ¡Cuenta con su propia escuela para espías! 

Aquellos obsesionados con jugar al agente secreto en el surrealista tablero político mexicano ya cuentan con una razón para salir a celebrar a las calles: no hay necesidad de viajar a Estados Unidos o Israel, ¡México ya tiene su propia escuela para espías!  Hace unos meses, Fernando Gómez Mont, secretario de Gobernación, anunció la creación de la Escuela de Inteligencia para la Seguridad Nacional (Esisen), dependiente del Cisen. Su objetivo: “la formación de cuadros especializados en las materias de inteligencia civil para la seguridad nacional y cualquier otra necesaria para mantener la permanencia del Estado mexicano.” Lamentablemente, una vez en operación, las convocatorias no estarán destinadas al público en general, sino sólo a las entidades gubernamentales relacionadas con las tareas de seguridad nacional. Nadie dijo que la vida de espía fuera fácil.

**Este texto se publicó en el especial de “conspiraciones” de la revista Deep de este mes de noviembre.

***Más sobre conspiraciones:

Top 5: Teorías de la Conspiración

Entrevista con Julio Patán