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mayo 1, 2010

El tercer acto de Robert Downey Jr.

por Mauricio González Lara

Robert es una de las pocas estrellas con las que cuenta Hollywood. ¿Le queda algo por hacer?


El 4 de Julio de 2003, tras haber ingerido por varios días y sin interrupción decenas de speedballs, esos cocteles de cocaína que tanto gustaba de cocinar y cuya habilidad para hacerlo le habían ganado una merecida fama de “master chef” en los bajos fondos de California, Robert Downey Jr. por fin se hartó. Paró su coche a un lado de la Pacific Coast Highway, se quitó la ropa y tiró todas sus drogas al océano. Lloró por varias horas y, una vez repuesto, se vistió y fue al Burger King que se encontraba un kilómetro más adelante de la autopista. “Ya está”, pensó sin aspavientos. El menú de celebración, el único posible ante el desempleo y la carencia de efectivo: una Whopper doble y una orden de aros de cebolla. Cinco años después, Downey regresó a comer al Burger King. Esta vez, en lugar de una Whooper doble optó por algo mucho más ligero: la cajita para niños o Kids meal. ¿El juguete dentro de la cajita? Una figura de acción de Iron man. La redención más espectacular en la historia de Hollywood había sido completada. ¿Hacia dónde ir ahora?

La pregunta es más válida que nunca. Durante la época en que  Downey estaba inmerso en el desmadre y la adicción, cualquier rol que pudiera conseguir era un triunfo en sí mismo. Cuando se toca fondo, la dirección a tomar es clara: hacia arriba, hacia la rehabilitación, hacia más películas y mejores contratos. ¿Pero qué hacer una vez que se llega a la cima? En 2010, Robert es el rey del planeta. Lo tiene todo: contratos por decenas de millones de dólares, media naranja exitosa (Susan Levin, la atractiva productora y VP de Silver Pictures), celebridad mundial  y credibilidad en todas las esferas que importan. F. Scott Fitzgerald, autor de El Gran Gatsby, decía que “no existen segundos actos en la vida americana”. Eso quizá aplique para estrellas melifluas y sin chiste como Tiger Woods, cuyos multimillonarios contratos no aguantaron el ruidito de una simple calentura, pero para alguien como Downey Jr, un genuino emperador de lo “cool”, es el tercer acto, y no el segundo, el que constituye el verdadero problema.

Es irónico: pese a ser uno de los actores más completos en la historia del cine, la única carencia real de Robert son películas indiscutibles, cintas en verdad magníficas y atemporales. Con las probables excepciones de Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly) y Vidas Cruzadas (Shortcuts), donde es un actor más de reparto, Downey no figura en obras maestras. Cuenta, eso sí, con despliegues memorables en películas que van de lo muy interesante a lo francamente malo, quizás algunas de ellas divertidas, otras no tanto. Pero las cintas importantes, ésas que construyen epifanías e inmortalidades, parecen eludirlo. Jeff Bridges es El gran Lebowsky y uno de Los fabulosos hermanos Baker; Bill Murray es la razón de ser de Perdidos en Tokio, Rushmore y Flores rotas; Sean Penn, además de ser un estupendo director, tiene Río místico, La delgada línea roja y sus trabajos con Brian De Palma; Nicolas Cage es una fuerza de la naturaleza en Adiós a las Vegas y Enemigo interno; vaya, hasta Tom Cruise tiene Magnolia, Ojos bien cerrados y Colateral. Sin duda Robert es un actor superior a Cage y Cruise, y está por lo menos al nivel del resto, ¿pero dónde están sus obras magnas?  

Basta de celebraciones gratuitas. Ahora que Iron man 2 rebase la recaudación de la primera parte y se convierta sin dificultad en la película a vencer en la taquilla, Robert se verá obligado a tomarse un respiro y repensar las cosas. ¿Valió la pena abandonar la ruta de la autodestrucción para convertirse en un Will Smith de lujo, es decir, en un actor de innegable carisma pero intrascendente? ¿Cuánta celebridad más puede soportar? A sus 45 años, ya tiene el éxito, ¿le interesará la grandeza? El tercer acto apenas comienza.

*Las 12 películas claves de Robert Downey, “aquí”

**Este texto se publica en la edición de mayo de la revista Deep.

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mayo 1, 2010

Downey Jr., una filmografía en 12 pasos

por Mauricio González Lara

Así como la salida de la adicción se traza en 12 pasos, hemos detectado las 12 películas claves para explicar las razones por las que queremos a Downey Jr. :

1) Less than zero (conocida en español como Golpe al sueño americano, 1987). Todas las virtudes de Robert están presentes en esta adaptación light de la novela de Bret Easton Ellis sobre el vacío juvenil: la avidez en la mirada, la autoconciencia arrogante, los exabruptos de energía, la fragilidad oculta, el timing preciso, la simpatía desbordante. La degradación física y moral sufrida por su personaje a causa de las drogas era un virtual flashforward de lo que la realidad le deparaba al actor. Una actuación icónica que lo hizo ídolo de culto para todo dealer “wanna be” ochentero.

2) Chaplin (1992). Cuando se estrenó este biopic sobre Charles Chaplin, Robert Altman, quien en algún momento estuvo involucrado en el proyecto, declaró: “lo que hicieron fue  una mamada, después de esta mierda ya nadie va a poder hacer una película sobre Chaplin, y menos con Robert Downey Jr., que está extraordinario”. Es cierto: si hubiera estado bajo la batuta de un director competente, la película sería todo un clásico y no el churrito que es. Ni toda la brillantez de Robert puede evitar que el espectador sienta ganas de vomitar al ver a un Chaplin anciano todo soñado porque le permiten regresar a Estados Unidos para recibir su Oscar especial.

3) Asesinos por naturaleza (1994). A 16 años de distancia, nadie recuerda la controversia ni los azotes ególatras de Oliver Stone, quien no dudaba en comparar su película con Naranja mecánica. Sí nos acordamos, en cambio, de las rolas de Leonard Cohen y la delirante actuación “entachada” de Robert como Wayne Gale,  el reportero televisivo amarillista estilo Ciudad desnuda. “Batonga, batonga, ¡batongaville!“

4) Two girls and a guy (conocida en español como El soltero o Dos chicos y una chica, 1998). Blake, “el tipo” del título, es confrontado por sus dos novias tras ser descubierto en la movida. Fallida y un poco irritante en su afán de desdoblar una intensidad similar a la del cine de John Cassavetes, esta cinta de James Toback se sostiene gracias al complejísimo personaje de Downey Jr., cuyos juegos mentales terminan por explotarle en la cara. Plus: la secuencia sexual con Heather Graham es caliente hasta decir basta.

5) Jóvenes prodigiosos (2000). Robert es el agente gay de un escritor en notoria crisis de la mediana edad, interpretado con garra por Michael Douglas. Como suele suceder con el grueso de sus actuaciones breves, Downey Jr. le inyecta frescura y dinamismo a un asunto que de inicio se antoja un tanto gris. Robert se hace amante del personaje de Tobey Maguire, uno de los “jóvenes prodigio” del título. La verdad es que hacen bonita pareja. Años después, tal química sería tomada a chiste con estupendos resultados en Una guerra de película.

6) Entre besos y tiros (Kiss kiss bang bang, 2005). Este eficaz divertimento, repleto de juegos referenciales posmodernos, es considerado como la cinta que allanó el camino para el regreso de Downey. Irónico y vulnerable, en perfecto control de sus habilidades, Robert deslumbra como un loser autoconsciente que, tras una serie de equívocos, se transforma en el héroe de un disparatado noir, con todo y durísimo side kick gay (un también inspirado Val Kilmer).

7) Una mirada a la oscuridad (2006). En esta notable adaptación de un texto de Philip K. Dick, Downey interpreta al personaje más resbaloso de la banda de junkies con los que habita Keanu Reeves, policía de día y vicioso de noche. No es la estrella de la película, pero su personaje proyecta una rara duplicidad que, hacia el final, será crucial en la textura paranoica del relato. “Mi adicción a las drogas no fue por placer, ¡sino una preparación rigurosa para este rol!”, bromeaba Robert en los junkets de prensa. Filmada en Rotoscope (técnica que anima la acción real) por Richard Linklater.

8 ) Tus santos y demonios (2006). Si bien sufre de un exceso de brocha gorda en el trazo de los personajes, esta película autobiográfica de Dito Montiel describe con nervio la asfixia de estar atrapado en el infierno (en este caso, los barrios peligrosos de Nueva York). Downey, como la versión adulta y exitosa del protagonista que revisita el vecindario, exhibe un lado que sólo poseen los actores de nobleza: en lugar de exagerar su ya conocido histrionismo, actúa como un humilde catalizador para que el resto del elenco se luzca bestialmente, como sucede durante sus diálogos con Dianne Weist y Rosario Dawson. Anthony De Sando, por otro lado, impresiona con un delirio de cocaína súper convincente.

9) Zodiaco (2007). Tras una increíble y prometedora primera hora, esta cinta de David Fincher termina por  hundirse en el sopor y la dispersión. El factor que nos obliga a seguir observando es Paul Avery, el obsesivo reportero policiaco que comparte con Jake Gyllenhaal la frustración de no poder resolver el caso. (Nota al margen: el sentimiento de hartazgo existencial ante una violencia asesina que se siente tan concreta como lejana, así como la incapacidad para superarla, es abordado de una manera más afortunada en Crónica de un asesino en serie, o Memories of murder,  de Bong Joon-ho).

10) Iron man (2008). El hecho de que Tony Stark sea un playboy de vida descarriada y al borde del alcoholismo le viene como anillo al dedo a un Roberet rehabilitado y hambriento por sacar la pelota del estadio. Nada extraordinario, pero el juego intertextual entre la película y el historial de Downey  hacen de Iron man un entretenimiento sólido y disfrutable.

11) Una guerra de película (2008). En esta parodia de Ben Stiller, Downey Jr. interpreta a Kirk Lazarus, actor intensísimo que se pigmenta la piel a través de un proceso quirúrgico para personificar a un soldado afroamericano en una película de guerra.  Robert convierte una idea propia de un sketch de Saturday Night Live en una fascinante disección de los manierismos y clichés de la iconografía afroamericana del cine bélico. El resultado es delirante. Ni siquiera el bizarro cameo de Tom Cruise logra eclipsarlo.

12) Sherlock Holmes (2009). Esta olvidable adaptación de Guy Ritchie del detective más famoso de todos los tiempos hubiera sido un desastre de no ser por la innegable química entre Downey y un Jude Law pelón pero motivado. Robert logra lucir mamadísimo y dañado al mismo tiempo.

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