La diva de la generación American Idol

por Mauricio González Lara

¿Cómo explicar el descomunal éxito de Adele? Una tesis: su historia e imagen empatan a la perfección con las de un reality show.

En 2006, Chris Anderson, editor de la revista Wired, publicó The Long Tail: Why the Future of Business is Selling Less of More. En el libro, Anderson explicaba que el “mainstream” era una noción casi anacrónica, ya que la consolidación de Internet había redundado en una sofisticada segmentación de los mercados. De hecho, durante una conferencia que dio en México hace algunos años, aseguraba con excesiva confianza que nunca se volverían a ver éxitos discográficos como Thriller, de Michael Jackson, que ha vendido de 1982 a la fecha más de 110 millones de copias.

Personajes como Jackson eran producto de una cultura popular concentrada en medios como la televisión y distribuida a través de una política tradicional de inventarios; con Internet, sentenciaba Anderson, el futuro radicaba en vender más productos pero en menos cantidades y durante periodos más amplios (en tener  “la cola larga”, pues). El futuro de la industria del entretenimiento radicaba en apostarle a un universo compuesto mercadotécnicamente en numerosas tribus, y no en bloques homogéneos.

¿Qué pensará ahora Anderson cada vez que entra a un centro comercial y escucha por enésima vez Rolling in The deep, Someone Like You u otro de los sencillos emblemáticos de Adele, la cantante británica de 23 años que se ha convertido en la sensación pop más grande del siglo?

A poco más de un año de su lanzamiento, Adele lleva más de 15 millones de copias vendidas de 21, su segundo álbum. 21 sigue en el top 5 de una buen parte de los países del mundo, no muestra signos de debilidad y es muy probable que se corone como uno de los discos más vendidos de la historia. ¿El fin del “mainstream”? Difícilmente.

Anatomía de un culebrón

¿Cómo explicar el éxito descomunal de Adele? La inglesa no carece de facultades artísticas. No cualquiera puede ejecutar tan bien un culebrón como Someone like you sin dominar, así sea de manera subconsciente, ciertos resortes en la interpretación. En “Anatomy of a tearjerker”, artículo publicado por The Wall Street Journal el pasado 11 de febrero, el sicólogo Martin Ghun desmenuza la dinámica:

“Todo es cuestión de “apoggiatura”: una especie de nota ornamental que choca con la melodía de tal manera en que genera un sonido disonante que produce tensión en el escucha. Adele hace eso en Someone Like You. La canción comienza con un patrón suave y repetitivo. La letra fija un ambiente de pérdida (“… he escuchado que encontraste una chica y te casaste”). Cuando entra el coro, Adele sube una octava, aumenta el volumen, y la canción se libera de su orden establecido. Nuestro sistema nervioso se pone en alerta y el corazón se acelera. Dependiendo del contexto, interpretamos la reacción como positiva o negativa, como feliz o triste. Cuando hay varias “appogiaturas” en una sola melodía, se crean ciclos de fuerza y relajación que pueden mover a ciertas personas a las lágrimas.”

Si bien su voz no es superior a la de cualquier corista profesional, Adele sabe cómo componer e interpretar canciones cursis y universales con inspiración y gracia. Aunque resulta insuficiente para explicar el fenómeno en su totalidad, tal mérito nadie se lo regatea.

Reality killed the pop star

Realities como La Voz y X-Factor han vendido la falsa idea de que cualquiera puede ser un ídolo si cuenta con una buena voz y logra colocarse en el lugar y tiempo correctos. Llenita, pedestre, y sin mayor pretensión, Adele es la heroína ideal de aquellos que creen que lo único que se necesita para acceder al templo de la celebridad es voluntad y sentimiento.

La historia es elemental pero efectiva: Adele es una gordita común y corriente a la que le rompieron el corazón. Seguramente el exnovio al que le canta en Someone Like You se casó con una mujer más delgada y sofisticada. La vida apesta para Adele, pero sólo de manera momentánea, pues de ese dolor plasmado en canciones surge algo increíble: el éxito global. La mejor venganza de Adele es que los chicos que la despreciaron la vean ahora como renacida Ave Fénix, solar y famosa, humilde pero consciente de su alta estatura en el mundo del espectáculo.

El discurso del “underdog” –el débil que termina alzándose con la victoria- no es nuevo. Lady Gaga, por ejemplo,  se presenta constantemente como una chica que se tornó en artista a causa de las burlas de los chicos que la consideraban una “freak” en la escuela. Amén de la veracidad de sus motivos, todo en Lady Gaga es calculado; sólo basta ver uno de sus videos para certificar que es un producto de numerosas horas de planeación y entrenamiento. Nadie duda que Lady Gaga sería capaz de descuartizar a alguien si esto le garantizara mantenerse en la cima. La historia de Adele, en cambio, es un guión perfecto para La Academia. Todo luce “natural” y “auténtico”, noble, sin malicia, casi involuntario.

Si Adele puede, ¿por qué nosotros no? No en vano Youtube está repleto de engendros como Los Vázquez Sounds y demás infamias deseosas del estrellato instantáneo. Un dato que refuerza la tesis del reality: Adele casi no otorga conciertos. Una de las reglas no escritas de la industria musical es que no puedes volverte popular en Estados Unidos sin realizar una extenuante gira por todos los rincones de ese país. En contraposición a esta creencia, Adele nunca acepta propuestas para presentarse en festivales y ha cancelado dos tours por Norteamérica: uno en el 2008, a causa de que deseaba pasar más tiempo con su novio, y otro en 2011 por problemas en su garganta. Quizá sea por eso que cada actuación en vivo se anuncie como un gran evento, como si se tratara de un enorme acontecimiento televisivo. Los Brit Awards, los MTV Video Music Awards, los Grammys, en fin, el único lugar donde se puede apreciar a Adele es en programas de televisión con altos registros de audiencia. Es un contrato de beneficio mutuo: al convertirse en los “Shows de Adele”, las entregas de premios generan una atención que no hubieran alcanzado sin la cantante, a la que presentan como un ídolo emanado del pueblo.

Bajo esas coordenadas, no es exagerado afirmar que Adele es la diva perfecta para la generación de American Idol. Reality killed the pop star.

*Este texto aparecerá en un formato distinto en la revista Deep del mes de abril.

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One Comment to “La diva de la generación American Idol”

  1. Y después de leer esto me siento víctima utilizada…Malcolm Gladwell en su nuevo libro va a analizar el discurso del underdog a detalle…será interesante! Lo mejor…”Youtube está repleto de engendros como Los Vázquez Sounds y demás infamias deseosas del estrellato instantáneo”

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