Opening night

por Mauricio González Lara

Van cinco razones por las que deben ver varias veces Opening night (1977), de John Cassavetes. Obvio la sinopsis –las vicisitudes de una compañía de teatro previas a una noche de estreno-, porque, como sucede casi siempre, es lo de menos.

1. Es el retrato definitivo del sacrificio actoral. No hay cliché más molesto que el del “artista atormentado”. El mundo está lleno de poetas malditos y actores de método estilo  Natalie Portman.  Asco.  Ante el mar de poses,  no olvidemos lo esencial: para obtener verdad en el escenario hay que masacrar el alma. Punto. “Parece que he perdido la realidad de…. la realidad”. El humillante viaje alucinatorio al que se somete Myrtle Gordon para encontrar a su personaje, y que deriva en ojetísimo viacrucis alcohólico backstage para acceder a la cruz de la “noche de estreno”, cumple un glorioso objetivo: enfrentados los miedos y fantasmas, tras las bofetadas y los rencores, el personaje de Gena Rowlands emergerá más vieja, sí, pero también más sabia, más mujer, más actriz.

2. Nos enseña que edad equivale a pérdida. “Cuando ahora me veo al espejo noto que hay algo profundamente cínico en mi rostro.” En el video para Thursday’s child,  dirigido por Walter Stern, vemos frente al espejo a  un desganado y cuasi sesentón David Bowie preparándose para ir a dormir; mientras se lava las manos, levanta la cara y su reflejo ya no es el de un viejo, sino el del joven que alguna vez fue adorado por miles de fans que lo querían devorar junto con las arañas de Marte. La ilusión, efímera,  sólo se mantiene mientras dura la canción. El video es un claro y sentido homenaje a la secuencia de Opening night en la que Myrtle Gordon se ve al espejo y descubre a una mujer que ya no es ella. El demonio que la atormenta no es el fantasma de la fan de 19 años que muere atropellada a las afueras del teatro, sino una anterior versión de ella misma, su joven doppelgänger, su “thursday´s child”.

3. Confirma el milagro Gena Rowlands. Quizá el momento más delirante de Rowlands en celuloide sea su explosión nerviosa/autoflagelatoria en Una mujer bajo la influencia, del mismo Cassavetes, pero la multiplicidad de matices que le imprime a la engañosa vulnerabilidad de Myrtle Gordon hacen de Opening night un referente irrefutable. No ha existido mejor mujer al borde de un ataque de nervios en la historia del cine que Gena Rowlands. Imposible no amarla cada vez que hace ese extraño movimiento en el que no sabes si te va a golpear o a mentar la madre, la entrañable “mentada Rowlands”.

4. Es una obra maestra de John Cassavetes. La resistencia de Cassavetes a establecer diferencias entre actor y personaje, entre realidad y representación, encuentra su cumbre en  Opening night. Nunca sabemos cómo comportarnos frente a una cinta de Cassavetes, donde cada emoción es susceptible de ser pulverizada por un sentimiento opuesto en cuestión de un par de minutos. El vapuleo es energizante. Cassavetes es un director demandante e inspirador. Extrañamos su honestidad. Mucho.

5. Tiene una de las grandes declaraciones de amor de todos los tiempos, la de Cassavetes a Rowlands. “Antes de conocerte pensaba que las charlas ligeras eran intrascendentes, que las conversaciones serias eran pretenciosas, que la música era ruido, y que el arte era una mierda. ¡Te necesito!”

  

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