El hombre que no quiso ser rey

por Mauricio González Lara

Gracias al éxito de  LCD Soundsystem, James Murphy pudo haberse convertido en “el rey de los hipsters”. ¿Por qué renunciar ahora?


A veces, acepto, extraño el mainstream. ¿Lo recuerdan? ¿Esos días en los que el lanzamiento de un producto cultural masivo captaba la atención de todos los medios de comunicación?  Quizá eran años vacíos, industriales, de ídolos de plástico, pero también gloriosos: los discos vendían decenas de millones de copias en unos meses, los conciertos se tocaban en estadios, las tribus urbanas eran genuinamente alternativas y conceptos como el “long tail” sonaban a delirio.

Hoy, todas las corrientes encuentran nichos; todos los líderes tienen tribus y cuentas en Twitter y Facebook;  todos se manifiestan, incluso los más feos, estúpidos y aburridos. Los días de las superestrellas y el glamour pasan por su hora final, junto con el gesto cultural homogeneizador capaz de definir a una generación de un solo golpe. Vivimos en la fragmentación, el solipsismo y la epifanía personal. Hasta las reuniones culturales multitudinarias se llevan a cabo en formato de festival, donde la idea es fraccionar a las personas en aldeas con intereses no convergentes. ¿Para qué conectarse, entonces,  en forma de “un solo flujo”?  ¿Para qué ser “grande”? ¿Cuál es el sentido?

Ante esto, no sorprende en absoluto la decisión de James Murphy, de 41 años de edad, de disolver a LCD Soundsytem. Tras tres discos de “larga duración” (un homónimo, Sound of Silver y  This is Happening) y dos “extended plays” (45:33 y London Sessions), Murphy  le ha puesto punto final al concepto que lo encumbró en el momento más exitoso y popular de su carrera. (Y digo concepto porque, a todas luces, LCD Soundsytem sólo operaba como banda durante sus presentaciones en vivo: la composición y ejecución en el estudio, así como todo el enfoque creativo, corría a cargo de James.)

Oscar Wilde solía decir que la peor tragedia que le puede pasar a un hombre es conseguir lo que desea. Murphy, consciente del dilema, optó por no aceptar la corona que lo hubiera tornado en una de las pocas superestrellas globales con las que cuenta el cada vez menos nuevo milenio. Es la antítesis de la historia tradicional de éxito; o como  él mismo la autonombró en la conferencia de prensa que antecedió su concierto final en el Madison Square Garden, la narrativa del “hombre que no quiso ser rey”:

“No quiero ser un conjunto profesional de rock que sólo saque discos por sacarlos y se mantenga en tour por toda la eternidad, sin ver a mi familia o mis amigos. ¿Cuál es el punto de continuar así con LCD Soundsystem? Ya dije todo lo que tenía que decir en esos tres discos, por lo menos en ese formato. No creo que pueda hacer un mejor disco bajo esa idea. No me interesa llenar estadios ni que la gente me reconozca en la calle. Soy feliz con la idea de ir en el metro y que ocasionalmente alguien me salude. No quiero que me presenten en la televisión como el puto rey de los hipsters. Prefiero quedarme en mi casa a hacer café. Aparte, ya estoy muy cansado. ¡Soy un anciano de 41 años! ”

Malditos hipsters

Irónicamente, como bien señala el periodista Paul Schrodt de Esquire, Murphy ya es considerado como un rey dentro del universo hipster al que parodió con inteligencia y virtuosismo en “Losing my edge”,  el manifiesto antiposeur que fue la contundente carta de presentación de LCD Soundsytem en 2002.

Quizá  no sea un icono al estilo de Thom Yorke, pero para muchos aspirantes a lo “hip”, tanto talentosos como fantoches, Murphy lo es todo: productor estrella de los sencillos más explosivos de la década pasada (incluido House of jealous lovers, de The Rapture), fundador de DFA Records, mecenas de Hot Chip y Hercules and the Love Affair, compositor de soundtracks para películas indie (la poco vista Greenberg), y frontman de LCD Soundsystem, combo que  terminó sus días como uno de los mejores actos en vivo del planeta, como lo atestiguamos quienes los vimos a finales del año pasado en el Hipódromo de las Américas, en el DF.

Otro mérito clave de LCD Soundsystem fue la manera en que logró ser vanguardia a través de reflexionar de manera melancólica y constante sobre lo que quizá sea el peor pecado que puede cometer un hipster: envejecer. Además de funcionar como  un hábil acto de memoria que conjunta los mejores sonidos de los últimos 30 años (Bowie, David Holmes, Kraftwerk, Daft Punk, OMD), el aspecto que distingue a Murphy del resto de sus contemporáneos es su profunda emotividad lírica: de no ser porque hace “música dance” (cualquier cosa que eso signifique, LCD Soundsystem suena más orgánico que cualquier disco de Green Day), James sería uno de los letristas más reconocidos de la actualidad, sobre todo entre los que comienzan a sentirse ajenos la cultura juvenil. Casi todas sus canciones son misivas de alguien que se encuentra confundido por su entorno, como le sucede a aquel que se sabe el más viejo de la fiesta. El Sound of Silver es, grosso modo, un trabajo sobre la crisis de la mediana edad. Dos botones de muestra: Someone Great, pieza que relata la terrible normalidad con la que la vida sigue tras la pérdida de una persona amada, y All My Friends, track que captura el vacío anticlimático de llegar “con éxito” a la edad donde no pasa nada y pasa todo: where are your friends tonight? If I could see all my friends tonight!

En  palabras de Jody Rosen, autor de The End of LCD Soundsystem, Murphy se especializa en elegías, en composiciones donde se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro caso o acontecimiento digno de ser llorado:

“James puso a la bohemia blanca en el dancefloor mediante el montaje de funerales bailables. Murphy, en términos figurativos,  siempre está muriendo. Cuando lanzó LCD Soundystem, él mismo sabía que un gordito en sus treinta y tantos era un frontman un tanto ridículo para una banda tan funky, por lo que decidió que “Losing my edge” hablara precisamente de eso, de un ruco desesperado por estar a la moda y que pierde su filo ante gente más guapa, joven y talentosa, ante chicos con mejores ideas. El chiste deslumbrante: esos chicos con “mejores ideas” terminaron por amar la canción. Su show final fue otro golpe maestro, otro funeral: finalmente LCD Soundsytem pudo tocar en la arena más famosa de los Estados Unidos, el Madison Square Garden, sin que nadie los acusara de venderse. Genial.”

La vida sigue después de los 40. Murphy ya anunció una transformación al estilo de la que experimentó Brian Eno cuando abandonó Roxy Music, cuando se concentró en producir algunos de los discos más vanguardistas de los 70, entre los que destaca la trilogía de Berlín de David Bowie (Low, Heroes, Lodger). Incluso, ya ha mencionado posibles colaboraciones como productor con John Cale y Arcade Fire. Con todo, dudo que James pueda mantenerse alejado de la composición y los escenarios por mucho tiempo. La urgencia por darle voz a las crisis existenciales de su generación terminará por obligarlo a organizar un nuevo funeral. El rey, estén seguros, no ha muerto. (F)

+Las fotos que acompañan este texto son una cortesía de Toni Francois, quien las tomó durante la presentación de LCD Soundsystem en el DF en diciembre pasado (visita su sitio. www.tono.tv ) . Una versión más extensa de este artículo se publicará en la revista Deep del mes de mayo.

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