Oscares 2011, una quiniela culposa

por Mauricio González Lara

Año tras año, de manera tediosa pero inevitable, nos enfrascamos en absurdas discusiones en torno a quién merece ganar el Oscar, como si en verdad fuera un premio orientado a distinguir la calidad cinematográfica, y el ejercicio de detectar quiénes van a ser los ganadores un certificado de sapiencia o erudición. ¿A quién engañamos? El Oscar es un buen termómetro para saber el grado de poder y respeto que detentan los principales jugadores de la industria (estudios, productores, directores, actores), así como las tendencias demográficas, culturales y hasta de corrección política que sigue Hollywood en ese momento, pero de ninguna manera es un distintivo “meritocrático”. Es más, por lo menos un tercio de las películas ganadoras del Oscar van de lo olvidable (Gandhi) a lo malo (La vuelta al mundo en 80 días), pasando por lo francamente patético (Una mente maravillosa).

El encanto es otro. La ceremonia de  los Oscares es una  celebración de Hollywood y su glamour en el imaginario colectivo mundial; un ritual necesario para el marketing cultural de la industria; un pretexto para reafirmarnos como “fans” o “haters” de las figuras pop de la pantalla grande; una aceptación sin ambigüedades de la disfrutable frivolidad escapista del universo del espectáculo. Nada más, pero tampoco nada menos. Dicho esto, va la quiniela para la premiación que los cinéfilos “amamos odiar”, el placer culposo por excelencia:

Mejor película: El Oscar a mejor película debería ser para Red social, la cinta más vital y pertinente de las nominadas. Sin embargo, así como despierta apasionadas reverencias por expresar la naturaleza de la época, Red social también tiene un sector considerable de detractores, quienes precisamente la odian, de forma un tanto irracional, por ser una cinta ligada a su coyuntura. El actual método de selección parece recompensar a las películas menos odiadas de la terna. Los Coen ya tuvieron su momento de gloria con No country for old men; Toy story 3 se llevará el Oscar a la mejor película animada; Los chicos están bien es una “dramedy” clasemediera (un descalificador casi automático en estos azotados años); El cisne negro es demasiado histérica en su jotería “darkie”; El origen es un blockbuster cuyo éxito económico la torna odiada y poco premiable; 127 hours es un trabajo olvidable y para Winter’s bone, de vena independiente a la Sundance, ya es triunfo suficiente haber sido nominada. Bajo ese contexto, El discurso del rey, con su falsa elegancia y cursilería oscareable, cuenta con las mayores probabilidades de llevarse el premio.  El único Oscar seguro para Red social es mejor guión adaptado: todos coinciden en que Aaron Sorkin escribe los diálogos más punzantes e ingeniosos en Hollywood desde los tiempos de gloria de David Mamet.

Mejor director: David Fincher debería llevarse la estatuilla, pero como es lógico y deseable que los premios de película y director vayan atados,  lo más probable es que el vencedor sea Tom Hooper por El discurso del rey. Ignorar a Nolan fue una grosería, por decir lo menos.

Mejor actor: Colin Firth por El discurso del rey. Por mucho lo mejor de la película.

Mejor actriz: Natalie Portman por El cisne negro. Los productores han sabido vender bien la intertextualidad consistente en que el conflicto de la protagonista refleja la lucha interna de la frágil Natalie por ser una gran actriz. ¡Bomba!

Mejor actor secundario: Chris Bale por The Fighter. Es una actuación vistosa, aunque poco interiorizada, el equivalente a la clase de performance que hace un actor cómico cuando se disfraza de alguien famoso para parodiarlo en un programa cómico estilo Saturday Night Live. Extraña que Justin Timberlake no esté nominado por Red social.

Mejor actriz secundaria: Melissa Leo por The fighter.  Leo es una actriz de amplios recursos (remember Frozen river!), pero su actuación en The fighter es similar a la de Bale, una caricatura. Y la Academia ama las caricaturas.

Mejor película extranjera: La atroz El secreto de sus ojos venció el año pasado a las obras maestras El listón blanco y Un profeta. Dado que en esta categoría la baja calidad parece ser un plus y no un pasivo, Biutiful bien podría dar la sorpresa. Y si eso sucede, ¡a chupar al Angel toda la semana! Bueno, no.

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One Comment to “Oscares 2011, una quiniela culposa”

  1. Acuerdo con el articulo que ya ninguno de los triunfos son seguros en la pomposa ceremonia del Oscar. La academia no sale de su clasicimo y no siempre el mejor nivel cinematografico se lleva la ansiada estatuilla.

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