El colapso de la realidad

por Mauricio González Lara

En palabras de Vinton Cerf, “el padre de Internet”, la sobrevivencia del periodismo serio es vital para evitar consecuencias catastróficas para nuestra realidad.


Me encanta la revista dominical de The New York Times. Es, en mi opinión, una de las pocas trincheras que le quedan al verdadero periodismo de investigación. No importa el tema que se aborde -el perfil de una estrella de moda, la realidad de la explotación infantil, la nueva cocina estadounidense, etcétera-, el lector siempre contará con la garantía de encontrar un texto interesante y trabajado.

Los reportajes de The New York Times Magazine no se hacen en una semana; son piezas cuya cuidada manufactura puede extenderse por varios meses, o incluso años, como ha sido el caso de varios trabajos que a la postre se han convertido en bases para libros y películas. La exigencia es mayúscula: no sólo para el escritor, sino también para el editor, quien funge como el operador de una torre de control obligada a estar en constante comunicación con sus aviones de combate. El lector no está excluido de los altos estándares de la revista; por el contrario, es un cómplice consciente de que el disfrute de un reportaje de 8 a 16 páginas requiere de dedicación.

Hace algunos años, conseguir la voluminosa edición dominical de The New York Times implicaba pagar una onerosa suscripción o, ya en plano más pobretón, buscarla en los puestos de revistas del aeropuerto (el único lugar donde llegaba el mismo domingo en la mañana). Hoy, en cambio, basta con ir al sitio Nytimes.com, donde no sólo se puede consultar con libertad, sino que hasta se puede imprimir en un cómodo formato de renglón seguido para facilitar la lectura. La experiencia sensorial no equivale a la de sostener físicamente la revista -el goce producido por el diseño y la tinta desaparece-, pero consultarla así es infinitamente más cómodo y práctico.

He ahí el dilema: gracias a Internet, el periodismo serio es ahora más accesible que nunca; empero, si revistas como la de The New York Times no fueran impresas y sólo fueran difundidas en versión online, simplemente no existirían. O, por lo menos, no como las conocemos: serían una home que albergara un índice con alrededor de 20 notas cortas de no más de 600 palabras cada una, todas elaboradas por un staff de cinco redactores. ¿Por qué? Pese a todas las vicisitudes que enfrenta hoy el mundo editorial, lo cierto es que la venta de publicidad continúa siendo su principal fuente de ingresos; si bien Internet genera tráfico y lectores, casi ningún medio informativo/noticioso ha logrado crear un modelo de negocio que sea redituable en términos comerciales, o cuyos ingresos se comparen a la venta tradicional de planas y espacios en los formatos impresos. (No es casual que los sitios noticiosos más exitosos sean agregadores de información al estilo de The Huffington Post, cuya función es servir como canalizadores hacia otros medios de mayor referencialidad.)

El periodismo serio requiere de dinero y recursos que, por lo menos hasta ahora, se encuentran ausentes en el mundo online. Existe otro motivo que se relaciona con la misma naturaleza de los medios: un texto diseñado específicamente para Internet no puede gozar de la profundidad y extensión de su contraparte impresa. Esto no significa que una nota para Internet sea forzosamente poco seria –de hecho, si va vestida de “hiperlinks”, puede ser un portal hacia mucho más información de la que se puede ofrecer en un periódico-; no obstante, el hecho de leer directamente de una pantalla tradicional supone una decodificación menos demandante. El cibernauta está acostumbrado a la simplificación y el multitasking, y no a la paciencia y la concentración. Es por ello que cada vez que leo The New York Times Magazine no puedo evitar sentirme un poco triste, pues sé que tarde o temprano será rediseñada para adaptarse a las demandas de un mercado que no comprende la belleza de su formato.

La tendencia parece ser irreversible. Ante un escenario conformado por el alto costo del papel y el constante declive en la compra de periódicos y revistas, es muy probable que en los próximos 10 años atestigüemos la virtual muerte del formato impreso. No dudo que sobrevivan algunas publicaciones, pero la mayoría entrará en bancarrota o será forzada a tornarse en una página Web más, donde quizá logre desarrollar un modelo que le permita financiar sus costos.

La postura de Cerf

¿Un periodismo pensado específicamente para Internet equivale a la muerte de una manera de de entender la realidad? ¿Cómo impactará la muerte del formato impreso a nuestra cultura? ¿Qué tan positivo o negativo será el proceso? Durante su más reciente visita a México, tuve la oportunidad de formularle estas preguntas a Vinton Cerf, VP de Google y uno de los responsables de haber desarrollado el protocolo que hoy es la base en la que se sustenta el mundo online, razón por la que se le conoce como “el padre de Internet”. Lejos de mostrarse apocalíptico, Cerf reflexionó con optimismo frente a los efectos colaterales de su creación:

“Quizá te sorprenda saber que tus preocupaciones son compartidas por muchas de las grandes inteligencias de nuestro planeta. Hace unos meses, por ejemplo, Henry Kissinger me expresó en una comida su consternación ante el escenario de que en un mundo puramente online el análisis y el proceso de pensamiento son diferentes, y con frecuencia, mucho más superfluos que en el mundo impreso. Sin el universo impreso como referencia, ¿cómo inyectarle profundidad al online? Estoy consciente de que la oferta informativa no puede componerse solamente de blogs de opinión o amateurs. La información cuesta dinero y debe ser manejada por personas profesionales y preparadas. No creo que el fin de la economía basada en papel signifique el fin de la profundidad. En Google, y quizá esto pueda sonarle contradictorio a algunos, nos interesa muchísimo que los impresos logren una transición exitosa a Internet. La desaparición de las fuentes con credibilidad equivaldría, de cierta forma metafórica, a eliminar la realidad. ¡No queremos que eso suceda!”

Cerf visualiza la transición de los medios impresos en dos pistas. La primera se basa en encontrar un plan de negocio exitoso que permita colocar publicidad en la Web de una manera más efectiva y convincente que los meros banners, dinámicas en las que Google y su equipo de estrategas jugarán un rol fundamental en los años por venir. Y dos, desarrollar un hardware que permita replicar, así sea en meros términos visuales, la experiencia sensorial y comodidad de leer un libro o una revista, lo que implicaría el respeto a formatos más extendidos y profundos.

En otras palabras, la clave radica en la construcción de una especie de “Super” Kindle; en una versión ultra mejorada del lector de textos electrónicos de Amazon que, por cierto, ya se puede comprar en nuestro país por 279 dólares. Yo ya ordené el mío. Les conmino a hacer lo mismo: no vaya a ser que nuestra indolencia acelere el colapso de la realidad. (F)

*Este artículo aparece en la edición diciembre/enero de la revista Deep.

**La entrevista completa con Vinton Cerf, “aquí”

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